El Legado Territorial de Lagos

La palabra “neoliberal” se ha transformado en una muletilla para criticar las políticas públicas de la Concertación desde el volante de una retroexcavadora o desde la mística reformadora iluminada.

Quienes usan y abusan del término, ponen como emblema el plan de concesiones del Presidente Lagos, ya que empresas privadas financiaron obras públicas recuperando esa inversión mediante una tarifa.

En realidad las concesiones no son una política “neoliberal” ya que las obras siguen siendo públicas. Nunca fueron privatizadas sino que se transfirió su construcción y explotación por un período de tiempo, después del cual, esta infraestructura vuelve al Estado mejorada y valorizada en nada menos que U$ 25.000 millones.

Además de estos billones, las concesiones generaron enormes beneficios sociales que se omiten bajo la simplificación de la muletilla neoliberal. La Ruta 5 por ejemplo mejoró la conectividad de siete regiones del país, redujo tiempos de viaje y accidentes y junto a carreteras transversales potenció el desarrollo del turismo, la industria y los servicios.

También se ampliaron los accesos a los puertos, se levantaron embalses que han ayudado a paliar los efectos de la sequía y espacios públicos notables como la Plaza de la Ciudadanía, que fue la base del plan de mejoramiento del Barrio Cívico impulsado por Lagos, que hoy congrega las principales manifestaciones sociales.

Aunque la gratuidad esté de moda, no es “neoliberal” cobrar por usar la infraestructura. Este mecanismo permite un uso más justo y eficiente del recurso, ya que evita que ciudadanos de Arica o Punta Arenas financien una autopista entre Renca y Providencia.

Además el Estado puede destinar los recursos que ahorra con las concesiones, hacia obras públicas que no pueden ser financiadas con tarifas, pero que mejoran la calidad de vida.

Con dicha estrategia el gobierno de Lagos duplicó la red de Metro incorporando comunas densamente pobladas como Puente Alto, La Granja o Recoleta. Además construyó trenes urbanos en Valparaíso y Concepción que hoy mueven 20 millones de pasajeros por año integrando ciudades dormitorio como Villa Alemana, Quilpué o Chiguayante.

En Antofagasta las obras públicas del Plan Bicentenario renovaron el borde costero con paseos y playas artificiales, mientras que en Concepción se recuperó la relación con el río Bio Bio, ganando suelo para viviendas sociales y un nuevo centro cívico donde hoy se construye el teatro municipal.

Como vemos las concesiones modernizaron una parte de la infraestructura estratégica del país, y liberaron recursos para mejorar la otra con un foco en las principales ciudades.  

A diferencia de las muletillas retóricas, estas obras están a la vista y también sus beneficios sociales. Hoy son parques, embalses, estaciones de metro, paseos costeros, aeropuertos, carreteras o centros cívicos. Constituyen un legado macizo que le pertenece a todos chilenos.

*Columna de Iván Poduje publicada en T13.cl